martes, 30 de septiembre de 2008

HOMBRES NECIOS

Hombres necios que acusáisa la mujer sin razón sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis:
si con ansia sin igual solicitáis su desdén,¿porque queréis que obren bien si las incitáis al mal?
Combatís su resistencia y luego, con gravedad, decís que fue liviandad lo que hizo la diligencia.
Parecer quiere el denuedo de vuestro parecer loco, al niño que pone el coco y luego le tiene miedo.
Queréis, con presunción necia, hallar a lo que buscáis, para pretendida, Thais, y en la posesión, Lucrecia.
¿Que humor puede ser más raro que el que, falto de consejo, el mismo empaña el espejo, y siente que no esté claro?
Con el favor y el desdén tenéis condición igual quejando os, si os tratan mal,burlando os, si os quieren bien.
Opinión, ninguna gana; pues la que más se rescata, si no os admite, es ingrata, y si os admite, es liviana.
Siempre tan necios andáis que, con desigual nivel, a una culpáis por cruel y a otra por fácil culpáis.
¿Pues como ha de estar templada la que vuestro amor pretende, si la que es ingrata, ofende,y la que es fácil, enfada?
Mas, entre el enfado y pena que vuestro gusto refiere, bien haya la que no os quiere y quejáos en hora buena.
Dan vuestra amantes a sus libertades alas,y después de hacerlas malas las queréis hallar muy buenas.
¿Cuál mayor culpa ha tenido en una pasión errada: la que cae de rogadao el que ruega de caído?
¿O cuál es más de culpar, aunque cualquiera mal haga: la que peca por la paga,o el que paga por pecar?
Pues, ¿para qué os espantáis de la culpa que tenéis?Queredlas cual las hacéis o hacedlas cual las buscáis.
Dejad de solicitar,y después, con más razón, acusaréis la afición de la que os fuere a rogar.
Bien con muchas armas fundo que lidia vuestra arrogancia, pues en promesa e instancia juntáis diablo, carne y mundo.

lunes, 29 de septiembre de 2008

jueves, 25 de septiembre de 2008

LA VIBORA


Durante largos años estuve condenado a adorar a una mujer despreciable,sacrificarme por ella, sufrir humillaciones y burlas sin cuento,trabajar día y noche para alimentarla y vestirla,llevar a cabo algunos delitos, cometer algunas faltas,a la luz de la luna realizar pequeños robos,falsificaciones de documentos comprometedores,so pena de caer en descrédito ante sus ojos fascinantes.
En horas de comprensión solíamos concurrir a los parquesy retratarnos juntos manejando una lancha a motor,o nos íbamos a un café danzantedonde nos entregábamos a un baile desenfrenadoque se prolongaba hasta altas horas de la madrugada.Largos años viví prisionero del encanto de aquella mujerque solía presentarse a mi oficina completamente desnudaejecutando las contorsiones más difíciles de imaginar con el propósito de incorporar mi pobre alma a su órbita y, sobre todo, para extorsionarme hasta el último centavo.Me prohibía estrictamente que me relacionase con mi familia.Mis amigos eran separados de mí mediante libelos infamantesque la víbora hacía publicar en un diario de su propiedad.Apasionada hasta el delirio no me daba un instante de tregua,exigiéndome perentoriamente que besara su bocay que contestase sin dilación sus necias preguntas,varias de ellas referentes a la eternidad ya la vida futura,temas que producían en mí un lamentable estado de ánimo,zumbidos de oídos, entrecortadas náuseas, desvanecimientos prematurosque ella sabía aprovechar con ese espíritu práctico que la caracterizabapara vestirse rápidamente sin pérdida de tiempoy abandonar mi departamento dejándome con un palmo de narices.Esta situación se prolongó por más de cinco años.Por temporadas vivíamos juntos en una pieza redondaque pagábamos a medias en un barrio de lujo cerca del cementerio.(Algunas noches hubimos de interrumpir nuestra luna de mielpara hacer frente a las ratas que se colaban por la ventana).Llevaba la víbora un minucioso libro de cuentasen el que anotaba hasta el más mínimo centavo que yo le pedía en préstamo;o me permitía usar el cepillo de dientes que yo mismo le había regaladoy me acusaba de haber arruinado su juventud:lanzando llamas por los ojos me emplazaba a comparecer ante el juezy pagarle dentro de un plazo prudente parte de la deudapues ella necesitaba ese dinero para continuar sus estudios.Entonces hube de salir a la calle y vivir de la caridad pública,dormir en los bancos de las plazas,donde fui encontrado muchas veces moribundo por la policíaentre las primeras hojas del otoño.Felizmente aquel estado de cosas no pasó más adelante,porque cierta vez que yo me encontraba en una plaza tambiénposando frente a una cámara fotográficaunas deliciosas manos femeninas me vendaron de pronto la vistamientras una voz amada para mí me preguntaba quién soy yo.Tu eres mi amor, respondí con serenidad.¡Ángel mío, dijo ella nerviosamente,permite que me siente en tus rodillas una vez más!Entonces pude percatarme de que ella se presentaba ahora provista de un pequeño taparrabos.Fue un encuentro memorable, aunque lleno de notas discordantes:me he comprado una parcela, no lejos del matadero, exclamó,allí pienso construir una especie de pirámideen la que podamos pasar los últimos días de nuestra vida.Ya he terminado mis estudios, me he recibido de abogado,dispongo de un buen capital;dediquémonos a un negocio productivo, los dos, amor mío, agregó,lejos del mundo construyamos nuestro nido.Basta de sandeces, repliqué, tus planes me inspiran desconfianza.Piensa que de un momento a otro mi verdadera mujerpuede dejarnos a todos en la miseria más espantosa.Mis hijos han crecido ya, el tiempo ha transcurrido,me siento profundamente agotado, déjame reposar un instante,tráeme un poco de agua, mujer,consígueme algo de comer en alguna parte,estoy muerto de hambre,no puedo trabajar más para ti,todo ha terminado entre nosotros.

martes, 23 de septiembre de 2008

IMAGENES


A través del espejo
busco la sombra que se acerca
ensayo
rostros de sorpresa